26 de febrero de 2018
Historias detrás de las canciones: la porteña que convirtió a Sabina en xeneize
Joaquín Sabina le dedicó una canción a una mujer de la que se enamoró a primera vista

Enamorarse de un músico -no importa si se trata de uno que canta en el subte, si toca en una banda tropical o si es un nombre consagrado del rock- tiene varias desventajas: los trovadores nunca tienen agendas ordenadas ni jornadas laborales tranquilas, suelen precederlos cierta fama de mujeriegos y es común que tengan muchas groupies alrededor, incluso si no son populares. Pero también tiene su lado positivo: el romance puede quedar inmortalizado en una gran canción que perdurará por varios años, posiblemente por más tiempo que el mismo romance. Eso es lo que sucedió con una joven contadora porteña, que conoció por casualidad a Joaquín Sabina y se convirtió en una de sus musas.

Paula S. tenía apenas más de 20 años cuando le compró a un amigo una entrada para uno de los muchos conciertos que tenía pautado a fines de la década del 90 Sabina en el teatro Gran Rex. Pero el destino quiso que él no pudiera ir y que ella terminara en la platea, a pesar de que casi no había escuchado canciones del español.

El flechazo desde el escenario debió ser muy fuerte porque ella se quedó a esperarlo y él le pidió a su entorno que haga que la morocha baje a camarines. Así comenzó un romance que duraría más de un año y que inspiraría "Dieguitos y Mafaldas", una de las canciones más populares del intérprete en nuestro país.



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